«Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez mayor que nadaba en dirección contraria; el pez mayor les saludó con la cabeza y les dijo: «Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?» Los dos peces jóvenes siguieron su camino, nadando; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo: «¿Agua?, ¿qué demonios es el agua?»»
DAVID FOSTER WALLACE
(1962-2008)

Este mecanismo, por evidente y obvio que parezca, no es consciente. No nos damos cuenta de cómo las experiencias pasadas y la cultura en la que nos desarrollamos nos influyen, o nos configuran por defecto, como dijo David Foster Wallace. La mayoría de nosotros, durante la mayor parte del tiempo, nos comportamos de manera similar a los peces citados al comienzo: no somos conscientes del líquido elemento que configura nuestra forma de vivir.
Las experiencias pasadas dan significado a nuestras sensaciones actuales a través de un proceso cerebral que es invisible para nosotros al que Lisa Feldman Barret ha llamado «simulación»¹, mediante el cual el cerebro activa de manera automática circuitos neuronales sensoriales ante un estímulo no conocido, interpretando lo que sucede a nuestro alrededor. La simulación es el modo por defecto de toda actividad mental y la clave para entender cómo el cerebro crea las emociones.
Cada vez que el cerebro simula estímulos sensoriales, prepara cambios automáticos en nuestro cuerpo (pulso, temperatura, segregación de hormonas…) que tienen el potencial de cambiar lo que sentimos.
Los ingredientes con los que el cerebro prepara su interpretación emocional son: los conceptos mentales que tenemos de los objetos y los hechos influidos por la experiencia pasada y en entorno cultural, las sensaciones físicas tanto internas como externas y, además, el contexto o entorno del momento. Pongamos un ejemplo: tenemos una sensación interna de ligero dolor de estómago que el cerebro puede interpretar de diferentes modos según las sensaciones del entorno: si estamos ante una mesa con comida apetecible puede interpretarlo como hambre; si estamos ante un tribunal en calidad de acusados puede interpretarlo como miedo; o bien como angustia si la situación es la espera de un diagnóstico en la consulta de un médico. Es decir: nuestro cerebro da significado a las sensaciones internas (dolor de estómago) junto con las sensaciones del entorno y construye un caso de emoción, utilizando la experiencia pasada en forma de conceptos mentales («Teoría de la emoción construida», Lisa Feldman Barret).

Podemos dejarnos llevar, pensando y sintiendo de manera automática… o bien elegir qué pensar y sentir en las situaciones que nos descolocan, de manera que potenciemos nuestro desarrollo. Ello implica esfuerzo, atención, darnos cuenta, tomar conciencia y generar respuestas más eficientes; es lo que se ha llamado «Pensar el sentir»².

Os animamos a trabajar con nosotros este atrayente mundo de las emociones.
- «La vida secreta del cerebro», Lisa Feldman Barret
- Modelo FADS (DBM®), de J. McWhirter
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