«Aquel que actúa solo para mí, consagrado a Mí, libre de apegos, que me considera el Supremo, carente de enemistad hacia todos los seres, ése viene a Mí».
«Todo lo que hagas, todo lo que comas, todo lo que ofrezcas o regales, y todas las austeridades que realices, hazlo como una ofrenda a Mí».
«De ese modo te librarás del cautiverio del trabajo y sus resultados auspiciosos y desfavorables. Con la mente fija en Mí y siguiendo ese principio de renunciación, te liberarás y vendrás a Mí». (Bhagavad Gita)
Al margen de la teoría psicológica del apego, vamos a reflexionar sobre estas dos ideas desde una corriente de pensamiento libre.
En muchas ocasiones no diferenciamos entre estos dos conceptos: deseo y apego, dando lugar a una circunstancia que propicia el vivir con limitaciones.
El deseo es una fuerza que nos impulsa a acceder al conocimiento o al disfrute de alguien o algo. Así entendido nos llevaría a aspirar, por ejemplo, a mayor sabiduría, a un mejor trabajo, a una situación económica mejor, a un mayor entendimiento de las relaciones…, actuaría el deseo como motor del desarrollo personal. Hasta aquí nada que objetar, pues nos sirve para ser más completos y tener una vida más satisfactoria.

Lo que sucede es que en lugar de permitir que ese impulso llamado deseo nos lleve a un estado llamémosle más «elevado», acabamos aferrándonos a los resultados logrados. Aparece entonces el apego como un vínculo -obsesivo y perturbador- hacia alguien o algo, una inclinación hacia ideas, personas o cosas ocasionada por una creencia que nos condiciona una determinada actitud. Este vínculo se fundamenta en considerar que el objeto de apego es permanente, que nos va a hacer feliz, que nos da seguridad y que proporciona sentido a nuestra vida; circunstancias todas ellas ilusorias, no reales.

Este es el camino habitual por el que transita el alma humana en este mundo, centrado en posesiones y estatus con los que nos identificamos, limitándonos. Pero es posible otro camino, aquel que en lugar de ponernos límites nos abre puertas…
©Con Alma Terapeutas
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En el camino se encuentra la virtud. La autobservacion como trampolín del conocimiento personal.