Los dioses mitológicos son figuraciones que nos explican atributos psíquicos del ser humano, arquetipos, presentes en cada uno de nosotros.
Podemos hacer una lectura de la mitología tratando de imaginar quién, hoy en día, se comporta de manera similar al mito y, con toda probabilidad, vendrán a nuestra mente personajes de la actualidad.
Caigamos en la cuenta, además, de que los hechos que se atribuyen al dios mitológico son alegorías del comportamiento del ser humano y no sucesos reales ya acaecidos, que tratan de acercarnos a determinados aspectos psíquicos de la humanidad vigentes en cualquier tiempo y lugar.

De la gran variedad de rasgos que pueden atribuirse Hermes, vamos a centrarnos en los que nos parecen más evidentes a la hora de identificar personas o personajes que se comportan como aquel. Podríamos, en otra ocasión, destacar otros distintos de este mismo arquetipo.
Nace H
En estas condiciones, Hermes se ve impelido a agudizar el ingenio para encontrar su lugar en el mundo de los dioses: nace por la mañana, al mediodía se marcha de la cueva e inventa la lira, que construye con el caparazón de una tortuga; por la tarde roba cincuenta vacas a su hermano Apolo y por la noche regresa a su cuna haciéndose el inocente.
El episodio del robo de las vacas de Apolo merece ser explicado con más detalle. El mismo día de su nacimiento siente apetito, pero no de leche materna, sino de carne, y salta de la cuna para robar cincuenta vacas del rebaño de Apolo. Con el fin de tratar de confundir a quien pudiera seguirle, las hace caminar hacia atrás, llevándoselas lejos a un lugar donde asa y come dos de ellas. Sus propias huellas las hace desaparecer atando ramas a sus pies. Maya le reprende, a lo que Hermes le responde que solo quería lo que le correspondía, como hijo de Zeus, y que si no se lo daban lo robaría lo mejor que pudiera. Apolo se da cuenta de la treta y acude a la cueva, acusando a Hermes del robo, a lo que este replica: «¿Te parezco un hombre fuerte que roba vacas?». Su hermano Apolo le llama «astuto mentiroso, que habla como un ladrón consumado» y le lleva ante su padre Zeus. Zeus se sonríe cuando le cuentan la historia, pero luego obliga a Hermes a devolver el ganado.
Hermes tiene iniciativa y toma lo que quiere mediante el engaño o el robo por lo que, dependiendo de las circunstancias, puede ser visto como héroe por unos y como estafador por otros.
Tras el suceso de las vacas, Apolo se queda prendado de la lira y Hermes, negociando con él, obtiene a cambio las cincuenta vacas que le sustrajo más un caduceo (báculo). El caduceo se emplea hoy como símbolo del comercio. Hermes es persuasivo, embaucador, utiliza su ingenio para cambiar de opinión o convicción. “Es un sociópata encantador” (J. Shinoda Bolen). Lo ilícito, o lo que se sale de lo normal, no le preocupa siempre que su estrategia funcione. Pactar alianzas para alcanzar su objetivo es algo consustancial con Hermes.

Hermes se mueve con facilidad entre el Olimpo, la Tierra y el mundo subterráneo, cruzando las «fronteras» sin problemas. Pone a prueba los límites -las formas, lo establecido-, «cabalgando las contradicciones» que diría algún personaje púbico. Cambia con habilidad de una persona a otra, de una idea a otra. Intentar atraparle es como querer coger el mercurio con las manos.
Los hijos de Hermes heredan sus aspectos psicológicos. Autólico: bandido y mentiroso nato; Mirtilo: inventiva y sociopatía; Pan: Amoralidad; Hermafrodito: naturaleza andrógina (hijo de Hermes y Afrodita); Eudoro (nieto): Afabilidad.
Este retrato es el de un ser humano de carne y hueso.
©Con Alma Terapeutas
Bibliografía: “Los dioses de cada hombre” – Jean Shinoda Bolen, “El gran libro de la mitología griega” – Robin Hard