«Mira que hago un mundo nuevo» (Ap 21, 5)

El estudio de la Astrología desde un enfoque psíquico hunde sus raíces en la psicología analítica de Jung, en el concepto de arquetipo como patrón de comportamiento que configura el modo en que el ser humano experimenta el mundo.

INSTAGRAM rene muller c YKqs76ot8 unsplashLos arquetipos simbolizados por los planetas al igual que los simbolizados por los dioses mitológicos dan forma a una parte sustancial de la psique: el inconsciente.

Simplificando, podríamos decir que nuestro contenido psíquico está compuesto por la parte consciente y la inconsciente, a modo de iceberg del que solo podemos contemplar una pequeña parte si no nos sumergimos en lo oculto. La totalidad del contenido psíquico sería una constante, suma de lo consciente más lo inconsciente (consciente + inconsciente = constante), de lo que podemos inferir que puede haber transferencia de contenido entre las dos partes.

La atribución de características o pautas de comportamiento a los planetas proviene de la más remota antigüedad, al menos se tiene constancia del conocimiento del pueblo Sumerio hacia el año 3.000 a. C., y desde entonces se ha reconocido la analogía entre lo que ocurre en la bóveda celeste y los acontecimientos en nuestro planeta.

Estamos inmersos en acontecimientos astrológicos de primera magnitud, como la proximidad del solsticio de invierno, la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno en pleno solsticio, y el cambio de era astrológica, pasando de Piscis a Acuario.

El solsticio de invierno se ha interpretado desde la antigüedad como el triunfo de la luz sobre la oscuridad, donde la noche más larga cede paso al Sol que la irá disminuyendo día a día. Simbólicamente se ha asignado esta fecha, en las distintas tradiciones religiosas, al nacimiento de profetas y de dioses mitológicos, confiriéndoles así un carácter «divino».

Coincide este año el solsticio con un acontecimiento planetario que no tenía lugar, con características similares, desde hace cuatro siglos: la conjunción de Júpiter y Saturno, con un máximo acercamiento aparente en la proyección visual desde la Tierra. Sin entrar en otras valoraciones, fijémonos en los arquetipos simbolizados por Júpiter y Saturno que son aparentemente opuestos. Saturno limitador y Júpiter expansivo. Ambos planetas se consideran «sociales», pues representan las motivaciones para relacionamos con el mundo, el vínculo que nos une con la sociedad en la que estamos.

Saturno representa el orden establecido, el statu quo, lo consolidado, el mundo terrenal, la prudencia, la necesidad de preservar y permanecer. En este sentido el arquetipo Saturno puede tener un papel limitador. Nos está diciendo «no vayas más allá» pero en el sentido de que lo que he de buscar no está más lejos, sino en el trecho ya recorrido; está donde me encuentro.

Júpiter, por su parte, representa la intuición de que en la vida existe un diseño, un orden inteligente y un propósito; es el impulso para trascender lo estrictamente personal y experimentar algo superior; es el que anuncia lo metahumano.

Aparentemente hay una confrontación entre ambos, pero en una interpretación más afinada lo que nos está diciendo el arquetipo Saturno es que la trascendencia que nos anuncia Júpiter no está más allá, sino más profundo, más dentro de mí. No hay por tanto contradicción sino complementariedad. Y ahora se nos presentan juntos, no ocultándose el uno al otro sino sumándose en todo su esplendor.

Por si fuera poco, nos encontramos en pleno cambio de era astrológica, hecho que sucede cada 2.160 años. Estamos transitando desde la era Piscis hacia la era Acuario, proceso en el que los viejos valores pugnan por permanecer y el nuevo paradigma lucha por manifestarse, al igual que Saturno -la prudencia, el statu quo- y Júpiter -impulso para ir más allá de lo establecido-.

Piscis, la era que dejamos, simboliza el mundo de los sentimientos y las emociones mientras que Acuario, la era en la que entramos, nos habla más de las ideas y conceptos y de lo intelectual. De nuevo el aparente choque o cambio brusco. Que vivimos momentos convulsos en todos los aspectos de la vida parece evidente, y que los cambios cada vez se suceden con más rapidez tampoco parece discutible… Sí, todo parece indicar que estamos ante un cambio de paradigma, ante un nuevo orden que va a afectar a lo personal o íntimo y a lo social o colectivo… Pero Acuario también simboliza, en un plano más humano, el sentirnos parte del océano y no una gota de agua aislada, la fraternidad y el altruismo y no el egoísmo.

INSTAGRAM jamie street PE3JGtPVTY8 unsplashEstamos en una nueva encrucijada de caminos, esta vez anunciada por señales simultáneas en el tiempo que nos informan de la situación de forma muy llamativa. El triunfo de la luz sobre la oscuridad (solsticio de invierno), la conjunción de los aparentes opuestos que se nos muestran unidos (conjunción de Júpiter y Saturno) y el paso de un paradigma social a otro (cambio de era astrológica). Y esto nos afecta tanto en lo de «dentro» como en lo de «fuera».

Ahora nos corresponde pasar a la acción, sin ignorar lo ya vivido ni mirar a otro lado ante las señales de la vida. Todo avance evolutivo y todo crecimiento de conciencia se asienta sobre lo ya existente, pero es hora de tomar una posición ante la vida, de elegir qué futuro quiero entre todos los posibles…

«Mira que hago un mundo nuevo» (Ap 21, 5)

©Con Alma Terapeutas