Venimos al mundo ignorantes de nuestra auténtica naturaleza y olvidados de nuestro origen. La gran mayoría transitamos por la vida manteniéndonos en esa misma situación de ignorancia y olvido. Inmersos en este estado, nadie parece ser consciente de tales circunstancias. ¿Cuál es, entonces, la posibilidad de que alguien nos saque ellas? Parecen ser escasas las opciones…

Llegamos al mundo dotados de un ilimitado potencial que tiene como finalidad manifestar nuestra naturaleza espiritual en su máxima expresión. Acompañando a este potencial traemos necesidades, algunas físicas y explícitas y otras no tan evidentes, metafísicas. ¿Somos los padres conscientes de esta circunstancia cuando esperamos y recibimos a nuestros hijos? ¿Lo fueron nuestros padres respecto a nosotros? Pongamos cada uno nuestra respuesta a estas preguntas.

Lo cierto y verdad es que cada criatura que viene al mundo es una apuesta de la Vida para hacer real el ser espiritual que somos, para experimentar el estado de unidad con la Fuente de la que provenimos. Pero nos sumergimos en un mundo estructurado, con sus normas y creencias, que nos induce a autolimitarnos en busca de la aceptación por parte de la sociedad. Este es el primer nivel de insatisfacción de nuestras expectativas anímicas, generándonos frustración.

Por otro lado, están las necesidades más evidentes: aceptación, cuidados, alimentación, protección, cariño, y todas las que se nos ocurra añadir a estas. Algunas de ellas son satisfechas; otras solamente lo son de manera parcial y es muy probable que ciertas necesidades no solamente no sean atendidas, sino que además recibamos todo lo contrario a lo esperado. Añadimos así más leña al fuego de nuestra insatisfacción y frustración.

¿Recordáis haber crecido en vuestra infancia como hemos descrito anteriormente? Lo más probable es que no. Y ello es porque también venimos dotados con un instinto de supervivencia y una capacidad de adaptación tales que hacen que ocultemos ese sufrimiento. Pero la ocultación del sufrimiento y la frustración para ser aceptados y sobrevivir no hace que desaparezcan: el haberlos olvidado los mantiene vivos en nuestro inconsciente.

Así que ahí lo tenemos, viviendo en nosotros sin que lo reconozcamos: olvidado y reprimido, ese «niño dolido» que está formado por nuestro potencial de cambio no expresado y por todas nuestras frustraciones reprimidas está esperando nuestro reconocimiento y cuidados.

«Esto no tiene nada que ver conmigo», podríamos pensar muchos de nosotros, manteniéndonos identificados con nuestra realidad material y nuestra personalidad aceptada o ego. Sabed que, a pesar de nuestra identificación con el ego consciente, el «niño interior» es una realidad psíquica inconsciente que trata continuamente de manifestarse y que condiciona nuestra vida sin que seamos conocedores de ello. Y reconocerlo y darle cabida en nuestras vidas constituye la más grande oportunidad de crecimiento, «el viaje del héroe» como lo denominó Jung.

©Con Alma Terapeutas 2022