Ignoramos de dónde venimos, nuestra verdadera naturaleza, y así, creyendo ser algo distinto a lo que somos, transitamos por la vida envueltos en sufrimiento innecesario.

Este artículo trata de ser un hálito de esperanza, una puerta abierta a la luz y a la alegría de vivir, un impulso vital para conocer de qué somos capaces y a qué hemos venido.

En publicaciones anteriores hemos profundizado en nuestra visión de la naturaleza del ser humano: un ser provisto de algo más que cuerpo y mente, un ser espiritual. Esa naturaleza espiritual es el origen de nuestra existencia, es la causa inseparable de nuestra manifestación física, y es nuestro destino final, eternamente viviente.

El no vivir con conciencia de lo que realmente somos es lo que provoca nuestra vida humana insatisfactoria, movida por deseos del ego que poco tienen que ver con nuestra auténtica función en la Tierra.

Somos portadores de un ilimitado potencial de renovación y creatividad, ya nacemos con estos atributos, pero nuestra adaptación al entorno en que vivimos nos lleva a ignorar tales cualidades intrínsecas a todo ser humano. Las ocultamos hasta el punto de olvidarlas, hasta el extremo de vivir una experiencia representando un rol ajeno a nosotros, con una máscara que nos hace aparentar otra cosa, como en una obra de teatro donde los actores se disfrazan de otras “personas” -persona: del latín, ‘máscara de actor’-.

Difícil tarea la de vivir sin nuestra máscara, podemos pensar; más difícil aún si no sabemos cómo podemos hacerlo, cómo podemos transfigurarnos y transformar nuestra vida en una experiencia diferente, satisfactoria, alegre, ilusionante.

Nuestra forma de “vivir” la resumen nuestros ancestros en el Bhagavad Gita en tres modos de acción -ver nuestra publicación anterior http://conalma.eu/bondad-ignorancia-pasion-y-tu-desde-donde-actuas/. Podemos actuar desde la bondad, desde la ignorancia y desde la pasión. Lo más frecuente es que transitemos por la vida actuando desde la ignorancia, cuando no desde la pasión, pero, paradójicamente solo se obtienen los resultados esperados cuando se actúa desde la bondad. No profundizaremos más en estos conceptos, pues están desmenuzados en la publicación antes citada.

La diferencia entre vivir desde la ignorancia, desde la pasión o desde la bondad está en los resultados, en qué experiencias viviré y cómo las viviré.  ¿Quiere esto decir que según la “postura” que adopte ante la vida, puedo vivir unas experiencias u otras? La respuesta es , rotundamente sí. En este sentido, nos atrevemos a afirmar que somos creadores de nuestra realidad. Siendo esto así, ¿cómo puedo saber cuándo estoy creando la realidad que me puede hacer vivir una experiencia satisfactoria?

La guía para ello son nuestras emociones y sentimientos. Emociones y sentimientos son los que señalan, bien nuestra sintonía con la verdadera naturaleza de lo que somos y con nuestro propósito de vida, bien cuánto me he distanciado de ambos. Así, atraeremos experiencias que abarcarán desde la felicidad al sufrimiento.

Podemos utilizar un símil para entender mejor el funcionamiento de nuestra capacidad creadora. Imaginemos que la fuente espiritual de la que procedemos es una emisora de canales de televisión. Imaginemos también que nosotros, seres físicos en este mundo, somos los sintonizadores y receptores de los diferentes canales emitidos. Si sintonizamos con el canal que deseamos, recibiremos las imágenes (experiencias) que pretendemos ver (vivir), y no experimentaremos ninguna de las otras existentes en el espectro. Así, si alineamos nuestro pensamiento conscientemente con nuestro anhelo de vida y con nuestra función aquí, poniendo nuestra atención en ello, atraemos (sintonizamos) la experiencia que deseamos. Si por el contrario nos centramos en aquello que no deseamos, en lo que no tenemos, estaremos sintonizando con esa otra frecuencia y nuestra experiencia será el seguir sin obtener lo anhelado (sin ver el canal deseado). De esta forma, según nos centremos en experimentar lo deseado o experimentar la carencia o ausencia de lo deseado, nuestra gama de emociones variará entre la satisfacción y el desánimo

Imagina que ya tienes lo que deseas… Dejemos que nuestra esencia, nuestra naturaleza espiritual, aquello que habita en nosotros y que en nuestra cultura hemos llamado Dios, se manifieste. Permitámonos sentir la satisfacción cada vez que tomemos acciones en la vida. Seamos conscientes de la emoción que nuestro comportamiento nos genera, afinando cada vez más la puntería en nuestra forma de actuar hasta que nos sintamos profundamente plenos cada vez que digamos, hagamos u omitamos algo. Entonces estaremos sintonizados con la frecuencia correcta, con el canal que nos une a nuestra esencia espiritual; estaremos dejando que Dios habite en nosotros.

©Con Alma Terapeutas

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