«La felicidad y el sufrimiento dependen de tu mente, de tu interpretación. No vienen de fuera, ni de otros. Toda tu felicidad y todo tu sufrimiento son creados por ti mismo, por tu propia mente». Lama Zopa Rimpoché

Conviene mencionar que dolor y sufrimiento no son sinónimos. Podemos sentir dolor sin sufrir y, a la inversa, sufrir sin padecer dolor.

Existe una teoría según la cual el cerebro humano, desde una perspectiva evolutiva y según su funcionalidad, se puede clasificar en tres1:

  • Cerebro reptiliano, el más antiguo, que se hace cargo de lo instintivo.
  • Cerebro mamífero o límbico, que se ocupa de lo emocional.
  • Cerebro racional o neocórtex, el más desarrollado, que se encarga de lo racional y lógico.

El ochenta y cinco por ciento de nuestras decisiones las tomamos desde el cerebro reptiliano y el límbico, sin pasar por la razón, lo cual implica que no estamos respondiendo a los estímulos externos, sino reaccionando ante ellos, como lo haría otro mamífero menos evolucionado. ¿Quiere decir esto que estamos condenados a reaccionar ante los acontecimientos? Nada más lejos de la realidad. Las tres funciones cerebrales son necesarias, pero podemos aprender a utilizarlas mejor.

Las neurociencias han demostrado que el cerebro puede ser modelado (neuroplasticidad), tanto en su estructura física como en su funcionamiento. Podemos fomentar la neurogénesis -generación de nuevas neuronas-; se generan nuevas sinapsis practicando nuevas habilidades; reforzamos las sinapsis existentes con la práctica y la repetición, y podemos debilitar aquellas sinapsis que no nos favorecen. Podemos tener un cerebro más saludable atendiendo a factores como la dieta, el ejercicio físico, asunción de desafíos y novedades en nuestra actividad… y con el amor -se ha comprobado científicamente que los animales acariciados con amor viven más-.

También hemos de ser conscientes de que en nuestro cerebro existe la llamada red neuronal por defecto, que es la responsable de que nuestro cerebro vaya «por libre» la mayor parte del tiempo -algunos estudios dicen que un 45% del tiempo los días laborables y el 75% en días festivos-. Cuando decimos «ir por libre» nos estamos refiriendo a que las sinapsis que están activas no nos aportan nada aparentemente.

Por otro lado, ante cada situación o circunstancia de nuestra vida podemos responder o reaccionar de formas distintas, pues estamos dotados de tres sistemas de regulación emocional2 que simbólicamente podemos representar por las luces de un semáforo:

  • Rojo: Sistema de amenaza relacionado con el cerebro reptiliano -amígdala- que reacciona ante un peligro real o imaginario, proporcionándonos emociones como la ansiedad, ira o disgusto.
  • Amarillo: Sistema de logro o recompensa relacionado con el cerebro límbico -núcleo accumbens- que nos impulsa a buscar metas y objetivos para nuestra propia superación y nos produce emociones como el placer o la satisfacción
  • Verde: Sistema de calma relacionado con el córtex prefrontal, que nos produce placer, bienestar, seguridad y confianza, relacionadas con la sensación de felicidad.

Si nuestro cerebro fuera un jardín en el que crece de todo -frutos, plantas aromáticas, flores, y también hierbas no aprovechables por nosotros-, aquella zona del cerebro-jardín que más se riegue será la que se manifieste con más profusión.

Los tres sistemas de regulación, como las tres funciones cerebrales antes mencionadas, son necesarias para la evolución y, con una práctica adecuada, podemos potenciar aquellas que nos son más beneficiosas.

Sea cual sea la realidad externa, podemos poner nuestro semáforo en verde con nuestros propios recursos. Cuanto más consciente eres de que existen los tres colores del semáforo, más fácil te será elegir en cuál quieres estar.

Está en nuestra mano, por consiguiente, elegir qué zona de nuestro cerebro-jardín regamos con el fin de obtener el máximo bienestar, potenciando conscientemente aquel sistema de regulación emocional que queremos activar.

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1 Paul MacLean: Teoría del cerebro triuno.

2 Paul Gilbert: Terapia centrada en la compasión. Editorial Desclée, Bilbao, 2015

 

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