No, no estamos soñando cuando escribimos «VIVIR SIN LÍMITES»; tampoco estamos transgrediendo los límites de la física. Solo pretendemos abrir una puerta a la reflexión.

En este nivel de manifestación en que vivimos, los límites son algo consustancial a nuestra realidad. El mundo de la materia es nuestro oikos, nuestra casa, el lugar donde habitamos que reúne las condiciones adecuadas para ello.  Donde nacemos, nos desarrollamos y morimos, es un mundo limitado no solo en lo físico, también nuestra mente está limitada en esta existencia.

Para nosotros, hablar de condicionamientos, como sinónimo de límites, es más ajustado a la realidad. Nos manifestamos en esta vida en un estado condicionado, ya lo miremos desde un punto de vista físico, intelectual o psíquico. Toda manifestación en este mundo está condicionada por las variables espacio y tiempo, entre otras cosas. También nuestra esencia inmaterial, el alma, llega a este mundo condicionada.

¿Qué nos condiciona?

Podríamos hablar de dos tipos de condicionamientos. Un primer tipo lo constituyen todos aquellos propios de nuestro hábitat regido por el espacio y el tiempo: mi cuerpo, mi mente y todo lo que me rodea es finito: esta es una realidad que hemos de aceptar. Hemos de aprender a vivir con las restricciones inherentes al mundo en que nos movemos, tanto las propias como las del entorno. Esto que pudiera parecer obvio, no siempre lo es. Miremos a nuestro alrededor, mirémonos a nosotros mismos, y hagámonos conscientes de cuántos condicionamientos no aceptamos o rechazamos. Este tipo de condicionamientos, llamémosles limitaciones naturales, no pueden ser sorteados ni ignorados. Hemos de aceptarlos tal y como son y no empeñar nuestras energías en un combate sin final contra ellos. Tampoco son obstáculos que nos pone la vida de manera gratuita. Son parte de esta existencia y como tal constituyen elementos necesarios para nuestro desarrollo y crecimiento: son las condiciones adecuadas.

Otro tipo de condicionantes son aquellos que, no siendo parte natural de este mundo, nos generamos nosotros mismos. Hablamos en este caso de nuestras creencias limitantes, de las pautas de conducta aprendidas que nos condicionan nuestro avance. También de aquellas vivencias que nos causan dolor e interpretamos como obstáculos en la vida. Cualquiera de nosotros vive experiencias dolorosas que pueden incluso hacernos perder el sentido de nuestra vida, si no sabemos manejarlas. Solo son aparentes obstáculos pues, si conseguimos trascender su forma y comprender su sentido, se tornan en oportunidades de aumentar nuestra conciencia.

Si bien somos seres condicionados y finitos en este plano, también es cierto que la capacidad de desarrollar nuestro nivel de conciencia, durante este lapso al que llamamos vida y que comprende desde nuestra concepción hasta nuestra muerte incluida, no tiene fin. Siempre hay posibilidad de subir un escalón más, mientras permanezcamos vivos. Aparente contradicción con la afirmación de que somos seres condicionados, pero no real, ya que cada obstáculo es una oportunidad si encontramos su sentido trascendente, más allá de la apariencia. Todo tiene una utilidad.

Si unos condicionamientos forman parte de nuestro oikos, de manera que luchar contra ellos es querer salirse de nuestro hábitat en un esfuerzo infructuoso, y las otras limitaciones son autoinducidas para, aparentando obstáculos, darnos la oportunidad de crecer, es posible concluir que estamos en disposición de alcanzar un estado de conciencia tal que trascienda los límites: podemos «vivir sin límites».

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