«Todas las cosas, incluso los objetos inanimados, tienen un alma, que es la fuerza creadora y preservadora del Creador»[1]. ISAAC LURIA
Existía en nuestra cultura la costumbre, ya casi perdida, de bendecir los alimentos antes de comerlos. También se solicitaban bendiciones a las instituciones religiosas en inauguraciones de todo tipo. En definitiva, antes de comenzar a hacer uso o disponer de algo, era bendecido.

Desde hace bastantes años, en nuestras reuniones acostumbramos a bendecir los alimentos de un modo peculiar que vamos a exponer más adelante, pero antes indaguemos el significado de la bendición.
Bendecir es sinónimo de ensalzar, alabar o engrandecer lo bendecido[2]. Bendecir es «decir bien», hablar bien de alguien o de algo y, en otro sentido, está relacionado con agradecer, pues de aquello que nos agrada hablamos bien.
Dice el texto bíblico que, el día séptimo de la Creación, Dios dio por concluida su obra creadora y la bendijo[3], a diferencia de los días anteriores en los que, en lugar de bendecir lo creado, «vio que era bueno», exceptuando cuando creó al ser humano en el día sexto. Viendo que todo era bueno y bendiciéndolo, Dios revelaba su esencia en todo lo creado.
Así pues, tenemos dos sentidos profundos de bendecir: agradecer aquello que se bendice y reconocer la presencia divina ello. Y esta es la bendición que hemos aprendido y practicamos.
Pero aún hay más en esta bendición, pues los seres humanos tenemos la capacidad de elevar la conciencia de las energías que están en los niveles más bajos de la Creación. Por ejemplo: cuando ingerimos un alimento estamos transformando su energía en nuestra propia energía, con lo cual, si el ser humano está hecho «a imagen y semejanza» del Creador, incorporar el alimento a nuestro naturaleza es sinónimo de elevar la «conciencia» del alimento al nivel de nuestra propia conciencia. Y no solamente la materia que comemos, sino que todo aquello que incorporamos a nuestro cuerpo y a nuestra conciencia —palabras, emociones, sentimientos, conocimiento— somos capaces de transmutarlo. Así, el ser humano opera como un transformador de energías, liberando lo «encapsulado» en los niveles inferiores y elevándolo a la conciencia espiritual. Pero esto no es una creencia, sino que tiene su explicación.
Desde el punto de vista de la cábala, el alma humana se subdivide en cinco niveles (puedes verlos en la tabla de la figura 1, al final de esta reflexión). No significa que el alma esté fraccionada, sino que posee cinco niveles y que están operativos en cada uno de nosotros de manera simultánea. Aquí conviene aclarar que, aun teniendo todos los mismos niveles del alma, no todos tenemos conciencia de disponer de ellos. Cada nivel del alma requiere un nivel de conciencia —niveles que se corresponden con los cinco universos contemplados en la cábala— y aunque la estructura del alma es la misma para todos los humanos, la conciencia alcanzada es diferente en cada uno.
Como dice Isaac Luria[4], todo lo existente tiene un «alma»: los animales, así como vegetales y aun la materia inanimada. La existencia requiere un «alma» para sustentarse, una chispa de divinidad que la imbuye de su función o propósito. Siendo esto así, si cada nivel del alma requiere de un nivel de conciencia, todo lo existente tiene conciencia.
El ser humano opera en los cinco niveles del alma, no así el resto de la Creación, pero compartimos los niveles inferiores con todo lo creado.
Y esta es la bendición que practicamos: consiste en disponernos a tomar los alimentos con la conciencia de que elevamos las energías de aquello que ingerimos a los niveles espirituales. Haciéndolos carne de nuestra carne, los transformamos en parte de nosotros mismos y damos a dichos alimentos la posibilidad de utilizar sus energías en niveles de conciencia más complejos.
Nos alimentamos, pues, con la conciencia de elevar esas energías y acercarlas a la Unidad.
Y la bendición no se limita a los alimentos físicos, sino a esas otras energías que también alimentan nuestra alma en el plano intelectual y espiritual: el estudio, el trabajo, la compañía de los otros y el debate en aras del cielo. Al bendecirlos, agradecemos su existencia y reconocemos la presencia divina en todo ello.
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Niveles del alma, universos y niveles de conciencia. |
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Nivel del alma |
Universo |
Conciencia |
Nombre |
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Alma única |
Universo del Adam Kadmón |
Conciencia de Unidad. |
Iejidá |
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Raíz del alma |
Universo de la Emanación |
Conciencia trascendente compartida |
Jaiá |
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Alma individual |
Universo de la Creación |
Conciencia espiritual individual, sin condicionamientos |
Neshamá |
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Alma emocional e intelectual |
Universo de la Formación |
Conciencia emocional e intelectual, condicionada |
Rúaj |
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Alma animal |
Universo de la Acción |
Conciencia instintiva y biológica |
Néfesh |
Fig. 1
© Con Alma Terapeutas 2025
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[1] Sabán, M. (2016). La cábala. La psicología del misticismo judío. Barcelona: Kairós.
[2] Diccionario de la lengua española
[3] Gn 2, 3 Biblia de Jerusalén (2013)
[4] Issac Luria. Gran rabino cabalista del s. XVI.